Primer piso del museo

Génova y la guerra en el Mediterráneo

En el siglo XVI —cerradas las tradicionales rutas comerciales con Oriente por la presencia belicosa de los turcos otomanos— los genoveses se reinventan como financieros. No es que no lo fueran antes, pero el reciente descubrimiento del Nuevo Mundo les abre nuevas oportunidades. Instalados desde hace años en las principales ciudades de las naciones atlánticas, unidos en comunidades ricas y bien integradas con la población local, utilizan los grandes capitales acumulados para contribuir a la explotación de las colonias americanas.
El rey de España —con quien los une una alianza inquebrantable— es su mejor “cliente”. El pago de los préstamos, con intereses, se realiza en lingotes de plata, descubierta en México y Perú, cuya extracción sin escrúpulos provocará la muerte de miles de indígenas.
Gracias a esta riqueza inesperada se construyeron los numerosos palacios aristocráticos que asombraban a todos los viajeros que hacían escala en Génova.