Tercer piso del museo

El transatlántico «Città di Torino»

Salimos al muelle, lleno de mercancías y equipajes. Entre las tablazones claveteadas del transatlántico, una escotilla de tolva acaba de ser cerrada: por ella se cargó el carbón que alimenta las calderas del barco; en el muelle quedaron las herramientas, palas y horcas, y una “cuffa”, la pesada cesta que los “carbunè” habían transportado a hombros.

Subimos por la escalerilla horizontal y accedemos a la bodega de equipajes, donde dejaremos las maletas durante todo el viaje: a partir de ahora solo llevaremos la ropa que vestimos.
Los emigrantes embarcan directamente desde las cubiertas inferiores, donde se encuentran los dormitorios. Los pasajeros de primera y segunda clase, en cambio, pueden subir directamente por la pasarela colgante, accediendo a la cubierta y a sus camarotes.

El transatlántico es una pequeña ciudad, que exploramos: incluso hay un enfermería y… la prisión. Es el momento de despedirse de quienes se quedan en tierra. Respetamos una costumbre: lanzarles desde bordo un ovillo de lana, reteniendo un extremo. El barco, al alejarse del muelle, romperá el hilo, que será atado nuevamente semanas o meses después mediante las cartas. ¡Pero quién sabe!