Planta baja del museo

Las armas de la República

Las armaduras conservadas en la sala de la Armería estaban destinadas a la defensa personal de los soldados embarcados en las galeras de la República. Se les exigía ligereza —para no entorpecer al hombre durante el abordaje— y resistencia: debían soportar el disparo de un arcabuz, la estocada de una lanza o la flecha de una ballesta.
El equipamiento se reducía al mínimo: el peto y el espaldar, sujetos sobre los hombros con correas de cuero y unidos por un ancho cinturón de cuero; en caso de caída al mar, el soldado podía quitárselo rápidamente para no ser arrastrado al fondo por el exceso de peso. Para proteger la cabeza, se utilizaba el morrión o la borgoñota.
Completa la exhibición algunas bombardas, los primitivos cañones de artillería naval, ¡más peligrosos para quienes los manejaban que para el enemigo!